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Colprensa, Óscar Pérez
Mónica Alzate conoció la solidaridad desde pequeña,
al lado de su familia. Hoy es la directora de la Fundación
Corazón Verde, que ayuda a las familias de los policías
muertos en el cumplimiento de sus deberes. Las subastas de arte,
como la de estos caballos en miniatura, contribuyen en la causa
social. |
Solidaridad | Persona ejemplar
La reina de los corazones verdes
Mónica Alzate dirige la fundación que ayuda a las
familias de policías
Creatividad y compromiso son dos
de las fórmulas para buscar recursos
Por
Isolda
María Vélez H.
Bogotá
Mónica Alzate Sierra creció rodeada del ejemplo de
solidaridad que recibió de sus padres y por eso para ella
la palabra encarna un sentido de vida, que le ha permitido sacar
adelante la Fundación Corazón Verde, una entidad sin
ánimo de lucro que mitiga el dolor a las familias de los
policías asesinados.
"Ser colombiano ejemplar es una inmensa responsabilidad",
afirma esta abogada de la Universidad Javeriana, que con mucha creatividad
y el apoyo de un equipo de trabajo, sortea a diario las dificultades
económicas para atender a viudas e hijos de los uniformados
caídos en la prestación de su servicio.
"Nunca será suficiente lo que hacemos, pero aportamos
un granito de arena para esas personas que quedan desamparadas",
dice la ganadora del premio en la categoría persona en Solidaridad.
Ella, que nunca había tenido vínculo alguno con la
Policía Nacional, llegó a la fundación hace
siete años para asesorar un programa de arte.
Y se quedó allí para asumir las riendas de la entidad,
que hoy promueve eventos de ciudad para garantizar los recursos
que permitan la entrega de becas a los hijos de los policías,
otorgar viviendas a las familias, asegurar a los uniformados que
trabajan en zonas de alto riesgo y premiar al mejor policía
del país. Eso sin contar, la asistencia sicosocial a las
viudas y huérfanos, cuando los policías mueren en
el cumplimiento de su deber.
"Tenemos que ser creativos porque a las empresas llegan muchas
instituciones en busca de ayuda, y es lógico que haya agotamiento
de esa fuente".
Así que el arte y la gastronomía, en esencia, se han
convertido en la "gallinita de los huevos de oro" para
financiar los programas sociales.
Es la fundación la que está detrás del festival
Alimentarte, que se realiza cada año en Bogotá. Pero
también la que organiza subastas de obras de arte, como la
última en la que participaron 72 artistas plásticos
del país, que aportaron sus diseños sobre unos enormes
caballos elaborados en fibra de vidrio.
"Es un proyecto gana-gana porque todos ganamos. Gana el artista
porque exhibe su obra en un espacio público; gana el ciudadano
común porque disfruta del arte; gana la fundación
porque obtenemos recursos para los programas y gana la ciudad porque
genera espacios de encuentro".
Solidaridad con alegría
En el trabajo, Mónica no conoce de frustraciones, a pesar
de las limitaciones económicas y de las incalculables necesidades
que tienen tantas familias de los uniformados "que perdieron
la vida poniendo el pecho por los colombianos", como ella lo
describe.
En su forma de ver la vida, hay positivismo. "Cuando uno tiene
claro los objetivos, el compromiso y cuenta con un grupo humano,
desde la junta directiva hasta el último de los empleados
de la fundación, el dinero se consigue", dice profundamente
convencida. "¡Aquí se la metemos toda!"
Claro, reconoce que hay que tener temperamento para sortear tantos
tropiezos. "Pero la recompensa es enorme cuando uno habla con
las familias de los policías y recibe un agradecimiento,
una sonrisa. Eso hace que este trabajo sea gratificante y nunca
frustrante".
Ella no concibe que las 10 ó 12 horas que pasa en su oficina
sean de sacrificio. "Hay que trabajar con alegría porque
es la única manera de obtener lo que uno espera y de conseguir
que la gente irradie felicidad y se comprometa".
Confiesa que parte del éxito en su gestión, ya en
lo institucional, tiene que ver con la aplicación de un principio
ético: transparencia en el manejo de los recursos. "Eso
genera confianza y abre puertas".
Aún está sorprendida por su elección para este
premio porque para ella es una lección de vida: de sus padres
recibió el ejemplo de la solidaridad y hoy ella es una colombiana
ejemplar, un modelo a seguir.
Y así lo sienten quienes se benefician a diario con su trabajo:
cientos de corazones verdes que encuentran en Mónica, y en
la Fundación, por supuesto, el alivio a sus tristezas.
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