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Jaime Pérez
Ha sido un dedicado profesor univesitario, que ha formado más
de 20 mil estudiantes, según sus cálculos. Conversador
inteligente y estudioso, disfruta de su gran biblioteca que
por ahora está en proceso de trasladar a su nueva casa,
en Rionegro, donde vivirá con su esposa. |
Economía | Persona ejemplar
Con vocación de inspirador
Ha enseñado ingeniería por más de 57 años,
lo que ha sido su misión en la vida
Por
Natalia
Estefanía Botero
Medellín
Es un inspirador. Durante más de 57 años, Gabriel Poveda
Ramos enseñó ingeniería a los estudiantes de
pregrado y posgrado. Su voz pausada y su mente clara hacen un cálculo
rápido: 20 mil estudiantes en materias que van desde las matemáticas
y la geometría hasta la ingeniería electrónica,
por las que se cuela algo de ética y filosofía.
Su vocación humanista ha contagiado a generaciones de personas
que aprendieron de la exigencia y la disciplina como las normas que
rigen sus vidas.
En su estudio, cercado por los libros, están las nociones de
la geometría y las referencias de la alquimia. Pueden encontrarse
textos en inglés, francés, portugués y alemán,
un rastro que dejaron sus viajes por el mundo como ejecutivo de la
Andi, por más de 20 años, y consultor en ingeniería
eléctrica de empresas privadas y públicas.
Aún recuerda con profunda admiración y cariño
a su padre, un ingeniero quien lo llevaba a la inspección de
las locomotoras. Para esas expediciones de "hombre grande"
cargaba como lo hace ahora, un cuaderno de dibujo, y con la paciencia
de sus cinco años, empezaba a calibrar lo que era una cilindradora
o el cálculo de un puente.
Esa amistad le forjó la vida y le sugirió lo que luego
sería su profesión y su misión, como él
la llama.
Porque este hombre de sonrisa afable y humor cáustico, al que
le gustan las conversaciones inteligentes y el silencio de su estudio,
ya sabía desde pequeño cuál era su misión
en la vida: enseñar ingeniería, de la que no se ha despegado,
ni siquiera ahora, cuando se jubiló, porque la idea de explicar
la ciencia de una manera sencilla aún le obsesiona.
De hecho se califica como terco, y "obsesivo, como dirían
los siquiatras ahora", dice. Y en esto se reafirma cuando repite
que no vino al mundo por un accidente, sino por una tarea que lo ha
llevado por diversos claustros universitarios.
Entre ellos se destacan la Universidad del Valle, la Nacional, la
de Medellín, la Pontificia Bolivariana.y la Escuela de Minas,
en los que ha sido todo un maestro, con rigor.
Por ello le duele cuando se habla de que los bachilleres elijen con
más frecuencia carrera sociales. "Hemos desestimado la
enseñanza de las ciencias básicas", argumenta sobre
el tema.
Y aún más, esa falta de bases sólidas ha hecho
que sea preferible contratar los estudios en el exterior a pesar del
inmenso talento que, reconoce Poveda, existe en las facultades y empresas
actuales.
Su opinión es contundente y no se amedrenta para decir que
la herencia de las ideas de Jean-Jacques Rousseau, el filósofo
suizo, han calado hondo en una sociedad que prefiere formar en el
libertinaje que en la disciplina.
Con esta idea de que las cosas se lográn con esfuerzo, autocontrol
y trabajo duro es que educó a sus cuatro hijos, tres ingenieros
y una estadista, con quienes lleva una excelente relación.
De hecho, su familia ha sido uno de los grandes pilares de su vida.
En ellos y en sus padres, cuando vivían, se ha refugiado cuando
ha tenido alguna incertidumbre que capotear.
El aliento de su vida también reside en Jesús, el hombre
que nadie conoce, como lo llamó Bruce Burton, autor de un libro
que encontró perdido en las profundidades de una pequeña
librería en Londres, y que como todos los tesoros, le reveló,
sin estridencias y con simplicidad, el modelo de hombre en el que
ha procurado convertirse: el de un ser íntegro que ha sabido
encauzar su vida con coherencia. |
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