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Bernardo Peña-El País
En el patio de su casa, ubicada en el tradicional barrio San Fernando de Cali, tiene un árbol de arazá que le trajo su hermano del amazonas. Ese mismo hermano fue el que le trajo de India un ashoka, que adorna con sus ramas descendentes la entrada de su casa.

Medio Ambiente| Persona ejemplar
El empirista ecológico

Se casó de nuevo a los 82 años, pero por motivos de modernidad no vive con ella
Dedicó su vida a investigar y a luchar por las buenas prácticas ambientales.
La ecología y la lucha ambiental son la vida de este graduado para ser profesor

Por
Esteban Rahal Cubides
Cali

Lo que tienen en común un extraño árbol de India, Matilde Díaz, el río Puracé, un jugo de mora en agua delicioso y un hombre perdido en el amor por la naturaleza, se puede encontrar a tres cuadras del Parque del Perro.

Es Cali y los farallones envían una brisa vespertina que pone a bailar los cañaverales. El rey del swing es un ashoka traído del lejano oriente, un espécimen alto y verde musgo, con ramas únicamente descendentes que se menean con uniformidad y bailan con el viento en el antejardín de una casa vieja. La música la tocan los fantasmas de un cercano y difunto club social, y Matilde Díaz no para ni un segundo con su canto original, como el de la tierra suya...

Aníbal Patiño Rodríguez es el que en esta ocasión le corre la butaca al maestro Bermúdez, y comienza a dirigir, con clarinetes de fondo, la gala musical de su vida.

Lo más fácil de percibir es que a don Aníbal, como se le debe decir a un prócer de la ecología, no le circula sangre por las venas. Tal vez clorofila, pero para ser más acertados, su aorta debe irrigar agua de río. El día que se corte, desde el barrio San Fernando nacerá otro afluente del Cauca, y en vez de ríos de sangre habrá sangre de ríos.

El legionario ecológico
Desde hace 88 años, cuando un pueblo caluroso del norte del Valle llamado Zarzal, vio nacer a don Aníbal, supo que en él encontraría a un genio. Por eso, años más tarde, lo tuvo como tesorero municipal, la única vez que Aníbal se dejó endulzar por la política.

Siempre, el autodidacta don Aníbal estudió para satisfacer su amor por la naturaleza y para transmitirlo.
Se ganó una beca para prepararse en el Liceo Camilo Torres, de Zipaquirá, y en la Escuela Normal Superior. De allí salió para Cartago como docente de secundaria, hasta cuando se casó.

Disnarda Millán fue su pareja hasta hace siete años, la madre de sus cuatro hijos y quien lo acompañó en sus jornadas de investigación sobre la ecología acuática.

Una vez don Aníbal volvió a Cali, como docente universitario, comenzó a hacer historia. Él entregó gran parte de su vida a entender cómo la biología era tan fundamental en la vida de las comunidades. Pero no sólo pudo entenderlo sino que se convirtió en aquel combativo luchador por la preservación y las buenas prácticas ambientales. Nunca con armas, siempre con investigación y con argumentos.

Sus recuerdos son desagradecidos con las enseñanzas de miles de kilómetros de paisaje recorridos, pero la verdad es que su corazón y sus fuerzas se partieron en dos. El río Puracé y la laguna del Sonso.

Don Aníbal comprobó científicamente, con los libros de biología que tradujo él mismo y que trajo de E.U. y de Brasil, que la industrialización en Puracé estaba matando las especies río abajo, incluyendo campesinos e indígenas del Cauca.

El embeleso de don Aníbal es el agua, y en la laguna del Sonso, encontró el mejor sitio para abrirles los ojos a todos sobre las malas políticas ambientales que se aplican.

Entre peces, plantas acuáticas, contaminación del río Cauca, ecología y compromiso social, lucha política por la naturaleza e indignación por el desastre ambiental que se avecina, don Aníbal pasa sus días debajo del árbol de arazá de su patio y su ashoka hindú de la entrada.

Y mientras espera que pasen los días suficientes para visitar a su segunda esposa Lucy Libreros, "una mujer con la capacidad de entender el amor de un viejo", de 52 años y radicada en Zarzal (a tres horas de Cali), don Aníbal remata su porro de trombones en el ambiente con una visión tan romántica y actualizada del matrimonio, que sólo permite asentir cuando esgrime la frase: "esta es la fórmula del amor del siglo XXI".

 
 
           
       
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