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| Juan Fernando Cano, enviado especial, Sierra
Nevada de Santa Marta | Juan Mojica, promotor de Salud entre
los indígenas wiwa, de los que hace parte, dice que deben
estar pendiente de que sus hermanos menores, los blancos y colonos,
no deterioren la Naturaleza. Esta es una misión ancestral,
dictada por Se y Serankwa, sus dioses. |
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| Sede de la Organización en Santa Marta. |
Medio Ambiente | Institución Ejemplar
Cuidan a la madre Sierra
Organización anawindúa Tayrona es hija ejemplar de la
Sierra.
Preservar
las tradiciones y las lenguas son dos de sus propósitos.
Otro objetivo
es cuidar la riqueza natural de la Sierra Nevada.
Agrupa
a arhuacos, kogis y wiwas, tres etnias del noroeste del país.
Por
John
Saldarriaga
Santa Marta
Ganawindúa es la palabra que usan los indígenas de la
Sierra Nevada de Santa Marta para designar los picos Cristóbal
Colón y Simón Bolívar, las máximas alturas
de ese sistema montañoso y del país. Esa misma, acompañada
del vocablo Tayrona, que da cuenta de la cultura prehispánica
de la cual descienden los actuales habitantes de la Sierra, sirve
para nombrar la Organización que integra tres etnias tradicionales.
Esta institución se encarga de la preservación de la
biodiversidad. Claro que para ellos, los indígenas de la Sierra
Nevada, ésta no es una tarea adicional, un oficio al cual deben
dedicar atención especial. No. Es parte de sus creencias y
de las leyes ancestrales la convivencia armónica con la Naturaleza.
En sus caseríos, como El Encanto, de los wiwas, mientras los
hombres están en el sembrado, las mujeres se quedan a la sombra
del bohío, hilando en su huso, instrumento que reciben desde
la adolescencia, mientras los niños deambulan por ahí
en el piso de tierra, jugando con los animales domésticos,
cerdos, burros y perros.
Cuando ellas terminan de hilar o tejer, deshojan las matas de coca
que hay por ahí, alrededor de las viviendas, oficio netamente
femenino, y la tienen lista para los hombres. La hermandad con la
Naturaleza es notable.
El arhuaco Danilo Villafán, dirigente de la organización
en el tema de las tierras, dice que uno de los principios que ellos
maman con la leche e incorporan a su vida es que la riqueza natural
debe utilizarse con fines de subsistencia, para comer, vestirse, curar
enfermedades, pero no de explotación. "La biodiversidad
y las características del suelo tan quebrado -sostiene Villafán-,
no resisten explotación a gran escala".
Los habitantes tradicionales siembran café, yuca, plátano,
guineo, cuidan ovejas con cuya lana las mujeres fabrican vestidos
y mochilas. E incluso venden excedentes de estos productos.
Villafán, lo mismo que Gregorio y Juan Mojica -éstos
dos de la etnia wiwa-, coinciden en afirmar que los cultivos de marihuana,
extensivos a finales del decenio del 70 y principios del 80, conocida
en el país como Bonanza Marimbera, hicieron gran daño
a la zona, principalmente por la tala y quema indiscriminada. Dicen
que igual daño ha hacho la la ganadería, pero que ambas
circunstancias se han logrado mitigar en los últimos años.
En los planes de desarrollo de municipios de los tres departamentos
en que está situada la Sierra (Magdalena, Cesar y Guajira)
está su explotación, "olvidando que sus dos millones
de habitantes toman el agua que nace en lo alto".
En fin, hay amenazas por doquier. Por eso es loable la labor de los
indígenas integrados en la Organización Ganawindúa
Tayrona. |
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