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Infantil | Institución
Ejemplar
Una casa donde se sirve alimento para
el alma
La Fundación
Rafael Pombo recibe el premio en la categoría infantil.
Desde
hace 20 años se dedica a cultivar en los niños el amor
por los libros.
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| Juanita Santos directora de la fundación
Rafael Pombo. |
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| Colprensa, Bogotá | "Para los niños
esta casa es su gran salón de juegos, nadie les pide
silencio ni les dice qué hacer, ellos se dedican a leer
y dejar que la creatividad se encienda", dice Patricia
Hernández, una de las talleristas. |
| La Frase |
| "Esta casa es como los cuentos
pintados de Pombo: mezcla a la pobre viejecita, con el gato
bandido y también tiene un poco del renacuajo paseador".
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Por
Laura
Victoria Botero Berrío
Bogotá
Hugo Felipe toma el libro con ambas manos, aclara su garganta, respira
profundo y con solemnidad empieza a leer: "El hijo de Rana, rin
rin renacuajo, salió esta mañana muy tieso y muy majo,
con pantalón corto, corbata a la moda, sombrero encintado y
chupa de boda".
Hugo Felipe tiene 10 años y una pasión por la lectura
que palpita como su voz al leer al maestro Rafael Pombo. Que un niño
de diez años pasé la tarde en una sala de lectura y
no frente a la pantalla de un televisor, o lo que es peor, trabajando
en las calles, es admirable. Que una entidad se dedique por completo
a sembrar en los pequeños el amor por los libros es, sencillamente,
ejemplar.
Por esta razón, el reconocimiento que recibe la Fundación
Rafael Pombo, es el mejor regalo de cumpleaños que jamás
imaginaron. "Hace 20 años nació la entidad con
el objetivo de trabajar en dos líneas básicas: incentivar
el gusto por la lectura y desarrollar en los niños el pensamiento
creativo", cuenta Juanita Santos, directora de la fundación.
"Enfocamos el trabajo en los niños con menos recursos,
aquellos que son más vulnerables y tienen pocas oportunidades".
Misión de sabios
La tarea que emprendieron hace dos décadas era, por decir lo
menos, faraónica. "En este país las prioridades
son claras: primero hay que calmar el hambre y luego asegurar la salud
de los niños -agrega Santos- por eso, la misión de estimular
el gusto por la lectura era, de alguna manera, menos urgente".
La Fundación Rafael Pombo logró convencer a muchas personas
e instituciones, de que su trabajo representaba nutrición espiritual
y que con los programas que desarrollaban estaban formando seres creativos
y ciudadanos de paz. Ya se ha dicho mil veces que quien tiene un libro
en las manos, está muy lejos de empuñar un arma.
La fundación desarrolla diversos programas en varias regiones
del país. Trabaja de la mano con otros organismos que atienden
a menores de escasos recursos y con esto, complementan la misión
de brindar salud y seguridad alimentaria.
Tardes perfectas
Juanita Santos pone un ejemplo contundente de lo que representa la
fundación en la vida de muchas familias. "Hay una señora
que cada día antes de irse a vender dulces en una chaza, nos
deja a su pequeña hija. La niña pasa el día acá.
Si no es así, la señora tendría que llevar a
su hija a estar en la calle con ella".
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Hugo Felipe, Nelson Santiago, Johan, Alejandro y María Camila
tienen entre cinco y trece años y son visitantes permanentes
de la casa de Rafael Pombo. El tiempo pasa por allí y ellos
ni lo notan. Tampoco perciben si afuera llueve o hace calor. Les importa,
eso si, que de cuando en cuando, los personajes de Pombo cobren vida
y le pongan color a las historias que salen de los cientos y cientos
de libros que hay a su disposición. El Renacuajo Paseador,
es por supuesto, uno de los más ilustres invitados.
A eso se le suma que los niños se apropian de la trama que
hay en los cuentos, se adueñan de los personajes y pueden ser
duendes, sapos, doncellas o pobres viejecitas de tan solo seis años.
"Yo quiero ser actor -habla Nelson Santiago- a veces me da pena
porque me equivoco, pero definitivamente cuando crezca voy a actuar",
dice este decidido caballero de diez años y carita radiante.
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