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| El sentimiento del maestro está en más
de 110 temas. |
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| Colprensa, Bogotá | El testamento, La
casa en el aire o La vieja Sara son canciones, historia y testimonio
del mundo vallenato, ese que el maestro Rafael escalona ha sabido
narrar con precisión y emoción. Su aporte a la
cultura colombiana lo hace un Colombiano Ejemplar. |
| La Frase |
| "Sólo soy una persona
que cuenta el cuento en cinco minutos. Son testimonios de lo
que me pasaba y lo que sucedía a mi alrededor. A muchos
les gustó". |
Cultura | Persona Ejemplar
Una vida que es una canción
El maestro recibió el Grammy a la Vida y Obra de la Academia
Latina.
Sin ser músico, sus vallenatos son carta de presentación
del folclor colombiano.
Rafael Escalona no descuida labores en la finca algodonera.
Por
Sergio
Villamizar D.
Colprensa, Bogotá
Su casa en Bogotá parece una galería de arte. Desde
la entrada, atravesando un extenso pasillo, hasta llegar al comedor
y luego a una sala amplia, las paredes sostienen gran cantidad de
cuadros de diferentes tamaños llenos de color e imágenes
que por mucho tiempo Rafael Escalona guardó en su memoria,
hasta que por azares de la vida un lienzo llegó a sus manos
y empezó a pintar.
Su creatividad artística ahora la dirige hacia la pintura,
luego de dejar una imborrable huella dentro de la música colombiana,
por lo que ha recibido gran cantidad de reconocimientos, nacionales
e internacionales, que no paran, el más reciente de ellos,
el Grammy a la Vida y Obra de la Academia Latina de Arte y Ciencias
de la Grabación como Premio del Consejo Directivo.
"No es un tributo a mi persona, es un homenaje al folclor que
represento. Poder viajar al corazón de la música latina
para llevar el nombre de la música vallenata fue un privilegio.
Espero haberlo hecho bien", afirma Rafael Escalona, a quien no
hay que hacerle muchas preguntas, sólo dejarlo hablar, que
cuente sus historias, sus anécdotas, saltando de su niñez
en Patillal, sus primeras composiciones cuando apenas era un quinceañero,
la creación del Festival Vallenato, su carrera diplomática,
hasta su vida en el centro de la Capital, en el edificio Barichara.
Sus 78 años de edad, que casi ni se le notan, los vive entre
Bogotá y su hacienda, porque pese a todo, él no ha dejado
de ser un agricultor, sobre todo de algodón, al cual también
le escribió una canción en 1953, que es un paseo donde
Escalona presenta un diálogo entre un campesino que ha perdido
su cosecha de arroz y el gerente de la Caja Agraria.
"Sólo soy una persona que cuenta el cuento en cinco minutos.
Son testimonios de lo que me pasaba y lo que sucedía a mí
alrededor, lo que a muchos le ha gustado y por eso las tomaron y las
grabaron", dice con sencillez y seguridad, siempre impecablemente
vestido de traje formal.
Es un hombre acostumbrado al trabajo y por eso sus proyectos no paran,
y ya piensa en una exposición de 30 pinturas sobre 30 de sus
canciones más importantes, con su historia y su visión
sobre ellas.
Bendecido de felicidad
Sería interminable para el maestro Escalona enumerar los momentos
inolvidables que ha tenido, como el escuchar sus primeras canciones
en los grupos vallenatos de la región, la creación del
Festival de la Leyenda Vallenata en 1967, la invitación a la
entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez
o la realización de la serie de televisión Escalona.
Pero sus más grandes vivencias las fue documentando a través
de sus canciones, interpretadas en un comienzo por Guillermo Buitrago
y el Conjunto de Bovea y sus vallenatos, el detonante para que sus
temas sonaran en todo el territorio colombiano y se ganara la admiración,
no sólo de los amantes de la música vallenata, también
de quienes no gustaban de este aire musical.
"Había mucha resistencia con la música vallenata
en muchos sectores del país, pero ella, solita, se fue abriendo
espacio hasta ganar el lugar que se merecía". Junto a
otros maestros de la música realizada con caja, guacharaca
y acordeón, las canciones de Escalona sedujeron a los cachacos,
convirtiendo al vallenato en la música colombiana más
popular en el país y la de mayor proyección internacional
en las últimas décadas.
"Las posibilidades
del vallenato son tan grandes que mis canciones las han llevado a
la música sinfónica, la salsa y hasta el flamenco, algo
que ni conocía cuando las compuse", confiesa entre risas
el maestro.
Pero a diferencia de sus compañeros, con quienes tejió
la historia del vallenato, Escalona no interpreta ningún instrumento
musical. Mientras que Alejo Durán y Emiliano Zuleta crearon
e interpretaron sus propias canciones, las de Escalona fueron popularizadas
por otras voces.
Esta no era la única diferencia. Mientras la mayoría
de artistas del género provenían de familias campesinas
pobres, muchos analfabetas, Rafael procedía de una familia
adinerada y aristocrática, en la que se disfrutaba de los vallenatos,
pero que no veían con buenos ojos que uno de sus hijos se dedicara
a esa música.
Tal vez por esta serie de elementos, y claro, la amistad que los une,
Gabriel García Márquez lo incluyó, con nombre
y apellido, en la novela Cien años de soledad, como un personaje
del mundo macondiano.
"Sigo viajando y llevando la cultura vallenata por el mundo,
ahora como asesor cultural de la Presidencia de la República,
porque aún hay mucho por descubrir y mostrar de la riqueza
de la música colombiana".
Es increíble la dimensión internacional que ha logrado
Rafael Escalona con su obra musical, al ser calificada por el investigador
británico Peter Wade como el paradigma en composición
vallenata, por eso fue considerado como uno de los hombres más
grandes de Colombia en el Siglo XX.
Del maestro, la fallecida Consuelo Araujo Noguera, con quien fundó
el Festival de la Leyenda Vallenata, dijo: "Es el más
grande de todos. El que resiste todos los análisis que se le
quieran hacer a sus cantos y todas las críticas que haya que
formularle a su persona". |