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Nicanor Restrepo Santamaría | Medellín
Pescador raso de economía y paz
El
presidente de Suramericana profesa la ética y la dignidad como
mandatos empresariales.
Por
Marleny Vélez
Castaño
Medellín
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| Nicanor Restrepo Santamaría,
un empresario que es ejemplo de liderazgo y sencillez. |
Los 62 años que cumplió el pasado 25 de agosto le han dado
para todo. Su vida parece elástica, se mueve al compás de
los vaivenes que le impone la vida nacional, en especial, asuntos como la
economía y la búsqueda presurosa de la paz.
Por eso, no en vano, Nicanor Restrepo Santamaría fue proclamado como
el personaje que da ejemplo en este y en otros campos, y que lo destacan,
según criterios del jurado calificador y de quienes lo postularon,
por su liderazgo nacional, su acierto en la dirección de un grupo
económico sólido, por su participación activa en temas
de paz y su compromiso permanente con la educación. Por ser, además,
una persona excepcional, con todos los méritos de un empresario y
la buena imagen que irradia en toda Colombia.
A estas virtudes se suma el bajo perfil que tiene como norma de vida y que
le ha dejado tiempo y privacidad para trabajar alejado de las cámaras
y de las grabadoras. Su exitosa labor no ha podido silenciar lo que hace
en beneficio del país, por lo que le ha sido difícil “no
molestar a nadie con continuas apariciones en público”.
Egresado de la Escuela de Ingeniería y Minas de la Universidad Nacional,
Restrepo Santamaría ha sido directivo de la Caja Agraria, de Encoper,
de Celanese, de la empresa Cadena de Frío, de Coltejer, de la Corporación
Financiera Nacional y por 16 años presidente de Suramericana de Seguros
y cabeza principal del Sindicato Antioqueño, que reúne a uno
de los grupos de empresas más grandes del país. Desde la silla
principal de estas compañías halló el éxito,
fiel a su filosofía de dedicarles tiempo por dentro y por fuera y
de manejar los bienes que le encomendaron con ética y rectitud.
Con base en el trabajo en equipo, de creer en su gente y en el país,
Nicanor ha dado lecciones de productividad y competitividad. Sabe cómo
lograr la permanencia de las empresas y de sus miembros, con modelos productivos
que no riñan con la ética y la dignidad de los seres humanos.
“Para ser honrada y equitativa, la empresa debe compartir una ética
que vaya más allá de la ley e, inclusive, anticiparla y practicar
unos valores humanistas tradicionales, como son, entre otros, el respeto
por la naturaleza, la solidaridad, el rechazo a la discriminación
y la exclusión, el respeto por las particularidades personales y
culturales y la ayuda a los más débiles”. Así
reza uno de los párrafos de su conferencia titulada: Diálogo
social y productividad, con la que participó en la Primera Semana
de la Competitividad, organizada por el Centro Tecnológico de Antioquia,
en agosto pasado.
Lo público y lo privado
En su vida empresarial ha descollado con talento. Ejemplo claro ha sido
su intervención en la fusión del Banco Industrial Colombiano
(BIC) y el Banco de Colombia. También ha demostrado agallas en el
campo de lo público, como gobernador de Antioquia, durante el mandato
del presidente Belisario Betancur Cuartas, entre 1983 y 1984, labor por
la que también se le tuvo en cuenta en las listas, seis años
después, para candidato al Ministerio de Defensa.
Su gran tarea en el campo empresarial y en el sector público se ha
visto robustecida por su participación activa en las negociaciones
de paz, siendo parte de las mesas de diálogo entre las Farc y el
presidente Andrés Pastrana Arango, conciliador entre el M-19 y el
gobierno de César Gaviria Trujillo y como miembro de la comisión
asesora de reinserción.
En la búsqueda de la paz lleva 17 años y en esta escuela aprendió
a reconocer que la paz no es un artículo gratuito que se consiga
de la noche a la mañana. De esto también hablaba cuando fue
presentado como candidato a la Alcaldía de Medellín, por el
equipo unionista de Luis Alfredo Ramos. Pese a su incursión activa
en estos temas de interés y beneficio para el país, Nicanor
Restrepo no deja de lado otras pasiones de su propia condición humana,
como su afición por el tango, la música barroca, así
como la historia universal, romana, griega y colombiana.
Este colombiano ejemplar, de gestos afables y cordiales, se muere del susto
por una invalidez. Mientras tenga vida quiere disfrutarla con sencillez
y tener tiempo suficiente para ayudarle a más gente. Quiere hacer
uso de un buen retiro de su carrera política y empresarial quizás
haciendo lo que nunca pudo de niño y adolescente: ser pescador raso.
Tirar el anzuelo o la atarraya debajo de un mar azul, en una playa sombreada
por palmeras en Bahía Solano, sin el ring ring del celular que atosiga
la vida moderna y que su rebeldía a este tipo de tecnología
le impidió comprar.
Escribir poemas, aunque sólo le gusten a su esposa Clara Cecilia,
o simplemente filosofar sobre cualquier tema, son parte de su proyecto de
vida futura, dejando atrás ese espíritu de poeta prestado
a la burocracia privada, como se llegó a sentir en algún momento
en el que le preguntaron por sus hobbies y sus gustos.
Quizás también utilice su tiempo de jubilado releyendo El
Coronel no tiene quién le escriba, de Gabriel García Márquez,
uno de sus textos favoritos, no sólo por la narrativa que utiliza,
sino atraído por la frustración, las expectativas y la desesperanza
del Coronel. Y en el tiempo libre que tendrá, no dejará al
empresario. Sacará mañanas y tardes al calendario para sembrar
lechugas en el Oriente Antioqueño, así le cueste más
producirlas que comprarlas en la Mayorista.
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