El placer de servir a los demás
La
Casa de su Niño, Carla Cristina y Ximena Rico, sus tres grandes obras.

Foto Archivo EL COLOMBIANO |
Medellín
La vocación de doña Solina Gallego Fernández son los niños, a ellos ha dedicado su vida como educadora y, aunque no fue madre biológica, ha sido la mamá de miles de ellos que pudieron formarse gracias a las fundaciones Carla Cristina y Ximena Rico Llano, y la Casa de su Niño.
Solina, quien cumplirá 94 años el próximo 18 de noviembre, esconde detrás de su figura menuda y sus ojos azules, una vitalidad sorprendente para una persona de su edad. El secreto lo resume en una sola palabra: optimismo. Para ella, hay que dedicar poco tiempo a recordar las tristezas y mucho a gozar de las alegrías que brinda la vida.
Recibir el Premio EL COLOMBIANO Ejemplar en la categoría Solidaridad (persona), es para ella una satisfacción, porque puede apreciar que su trabajo dio resultados y refleja la obligación que tenemos todos de hacer el bien, según dijo.
Nació en Yarumal, donde estudió la primaria y la secundaria. Allí fue directora del kinder Montessori y profesora del Colegio de María, donde se despertó su amor por los niños y por la educación. En 1960 creó la Casa de su Niño y fue su directora por 22 años, en una época donde en Medellín no había sino dos o tres jardines infantiles.
Doña Solina siempre ha sabido que de las penas pueden nacer grandes obras. Por circunstancias de la vida se hizo cargo de su prima Elisa, a quien cuidó como a una hija. Más tarde Elisa se casó y tuvo una hija, Carla Cristina, quien murió de cáncer. Solina le dijo a Elisa que podía transformar el sufrimiento en beneficio de los niños desprotegidos y así nació, en 1964, la Fundación Educadora Carla Cristina, que ha instruido a más de 100.000 niños en sus jardines infantiles.
En 1988, después de la muerte de la joven Ximena Rico Llano, fue Solina una de las personas que más motivó a sus familiares para que crearan una fundación en su nombre. Hoy atiende a niños entre los cero y los nueve años que permanecen en la calle en situación de mendicidad o explotación.
Hoy, doña Solina, estará acompañada físicamente por sus familiares, y en forma espiritual por miles de personas que se educaron gracias a esta mujer, pequeña de estatura pero con un corazón inmenso, para quien es un gran placer servir a los demás.
[MIM]
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