Generosidad y arte
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La donación que hizo el maestro Fernando Botero, trascendió lo cultural y se convirtió en un acontecimiento urbano y social. Aquí, en octubre del año pasado, en el momento en que hizo entrega de sus obras al Museo de Antioquia. Los niños fueron sus primeros visitantes y él los guió por la historia de cada una de sus esculturas, pinturas y dibujos. Foto Archivo-Donaldo Zuluaga
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Medellín
El maestro antioqueño Fernando Botero fue reconocido como uno de los colombianos ejemplares. Y con justa razón. No sólo donó parte de su obra, entre esculturas, pinturas y dibujos, sino que también dejó a Medellín algunas piezas de su colección de arte internacional, entre las cuales se cuentan propuestas de corriente abstracta.
Fernando Botero logró con esta donación, que se sumó a la realizada al Banco de la República en Bogotá, de obras de grandes maestros de la plástica del mundo, conmover a la ciudad, darle un motivo de orgullo, todo a partir del arte.
Daré a Medellín lo mejor que tengo, así lo dijo alguna vez y así lo hizo. Hoy, el Museo de Antioquia, recuperado gracias a esta donación, y la Plazoleta de Esculturas, forman parte de los lugares que hacen ver mejor a la ciudad, espacios en los que confluyen numerosas personas y que alientan el turismo nacional e internacional.
Fernando Botero es considerado como uno de los artistas vivos más
importantes del mundo. Sus esculturas se han visto en plazas como la Signoría,
de Florencia, meca del arte; o los Campos Elíseos, de París.
Nueva York, Japón, México, Brasil, entre otros muchos escenarios del mundo, han visto sus bronces monumentales, sus pinturas cálidas, sus dibujos de línea maestra; sus personajes variopintos, sus casas de balcón, sus bodegones, plazas, gatos y techos.
En este 2001, él cumplió 50 años de vida artística. Cambió un poco su temática, pues encontró en la cruda realidad de Colombia motivos de expresión, sin embargo, sus figuras expandidas continúan marcando una ruta del arte contemporáneo.
Un artista con sello propio, con una identidad particular, que creció en las calles de Medellín y que a pesar de vivir por mucho tiempo fuera de su tierra natal, no ha olvidado sus raíces.
Por eso, hoy se reconoce como un colombiano ejemplar.
[BMM]
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