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Débora Arango, visionaria
del arte

Foto Archivo EL COLOMBIANO |
Escandalizó
a medio país en una época en la que ni los hombres se atrevían
a hacerlo. Ahora piensa en ese tiempo y afirma “siempre es que
destapé la olla, ¿cierto?”. Y no deja de reírse."
Débora Arango pintó presidentes, monjas, ricos y pobres. Se
dedicó a llenar de preguntas a una Colombia que muchas veces,
la mayoría, no pudo entenderla. Habló de política, de economía
y de sexo, en un momento
en que las mujeres tenían que dedicarse a cocinar, coser y tener hijos. Fue acusada
de inmoral, atrevida e impúdica y a pesar de que sus hermanos llegaban indignados
a la casa a informar lo que se decía de ella en la calle, su papá le permitió
seguir con el arte. Tal vez por saber de antemano que Débora nunca se resignaría
a dejar de pintar.
La
alumna de Eladio Vélez y Pedro Nel Gómez siempre dio de que hablar
y nunca se calló nada.
Hoy, cuando ya no pinta, se pone a recordar. Le viene a la memoria
el día en que estando en un hotel en Puerto Berrío, vio una bodega
llena de retenidos.
Saltándose toda autoridad familiar, salió de su habitación y cruzó
la calle para preguntar quiénes eran esos “hombrecitos hambriados”
a los que enviarían en un tren para Medellín. Ella recuerda que
mientras hacía los bocetos para su cuadro titulado El tren de la
muerte, uno de los más famosos de la artista, “renegaba sin parar
por aquella injusticia”.
Así es Débora Arango, así ha sido siempre. Temperamental, adelantada
a su tiempo y con una energía increíble.
“Ojalá pudiera pintar más”, dice, sentada en una banca de madera
en la terraza de su casa en Envigado, a donde los “colegiales”
-como llama a los estudiantes- le llevan de vez en cuando una
flor para poder conocerla.
Ahora se le cansa el cuerpo un poco y no puede seguirle el ritmo
a una cabeza tan rápida. “Yo rezo el Rosario, pero al segundo
Ave María ya estoy pensando en otra cosa”.
Precisamente así fue que aprendió a pintar: “Me llevaban a misa.
Cuando el padre empezaba la homilía me ponía a pensar en cuadros,
en cómo hacerlos de tal y tal manera”.
Débora
Arango es una de las grandes pintoras expresionistas que tiene Colombia.
“Es una mujer valiente. Cuando uno la ve y la oye hablar, le vuelve
la fe en el país, a pesar de todos los problemas”, afirmó Marta
Elena Bravo de Hermelin, jurado de El Colombiano Ejemplar.
“Es muy gratificante reconocer a personajes como Débora Arango en
vida”, dijo. Cuando la jurado le comunicó que era la ganadora del
premio en la categoría de Cultura, la artista se emocionó tanto
que se puso a llorar. Estaba agradecida y estaba feliz. Su temperamento
cálido sigue intacto a sus 93 años.
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