Melodías y acordes para un mejor país
La
banda de Baranoa enseña con su ritmo la disciplina y el amor
por Colombia.
Juliana
Correa H.
Barranquilla
Son las 12:00 del día y el sol golpea las calles de Baranoa.
Hay 35 grados de temperatura y las calles de este pequeño
pueblo del Atlántico están llenas de gente. Ninguno
quiere perderse la presentación de la banda del pueblo.
Las niñas ultiman los detalles de su maquillaje, se ayudan
unas a otras a acomodarse el tocado del vestido, un diseño
de la diseñadora barranquillera Amalín de Hazbún,
mientras los niños afinan sus instrumentos.
El espectáculo va a comenzar...
Desde que se escuchan los primeros acordes de la canción
A Dios le pido, de Juanes, se sabe que la banda Baranoa no es como
cualquier otra. Todo el sabor y la alegría del Caribe les
salen por los poros a los 250 niños y jóvenes de escasos
recursos que tienen entre 12 y 18 años y que han llevado
toda la algarabía de su música a Colombia y Venezuela.
Bailarinas, bastoneras, clarinetistas, saxofonistas, percusionistas
y un indiscutible acento caribe han hecho que la Banda departamental
de Baranoa cuente con el aprecio y la admiración de personalidades
como el Presidente Álvaro Uribe Vélez, quien los ha
invitado a hacer parte de diferentes eventos.
Historia de una promesa
Todo comenzó con una promesa hecha a doña Nicolasa
Manotas en su lecho de muerte, quien le pidió a Hilton Escobar,
que se hiciera cargo de la banda marcial del Colegio Industrial
de Baranoa. Él fue incapaz de rehusarse. Fue así como
un técnico de helicópteros, con alma de músico
y soñador, le dio vida a la agrupación musical.
“Comenzamos con 25 niños, hoy tenemos 600 en la Escuela
de Música y en la banda pueden actuar entre 250 y 420 niños”,
afirma Hilton Escobar, quien lleva nueve de sus 41 años de
edad dedicado a este proyecto que es fiesta y vida.
El decidió junto con Daniel Ortega, encargado de los arreglos
musicales, que querían salirse del esquema de las bandas
marciales. Fue así como les dijeron adiós a las melodías
repetitivas, a los atuendos serios y la actitud acartonada, para
vestirse con uniformes multicolores y una infaltable actitud de
fiesta.
El repertorio puede incluir Cali Pachanguero, In the mood, Prende
la vela, Te olvidé. Los temas cambian según la ocasión
y el sitio donde vayan. Para su próxima gira de un mes por
España, no sólo interpretarán bambucos y porros,
los pasodobles y las coplas se escucharán con una mágica
combinación de sabor andaluz y caribe.
Se dice que en cada familia de Baranoa hay un músico, y a
juzgar por la gran mancha verde, roja y amarilla que invade los
escenarios donde se presentan, las melodías de los instrumentos
llenan de notas todas las casas de este municipio del Atlántico.
Disciplina y talento
Los niños de la banda sólo conocen los tatuajes y
los piercing en fotografías o cuando los llevan alguno de
sus amigos. Para quienes hacen parte de este proyecto musical están
prohibidos esos adornos, al igual que las relaciones amorosas entre
sus integrantes.
“La disciplina, el ayudar y el compartir son importantes.
Primero es lo personal y después lo musical. Queremos que
aprendan a convivir como seres humanos”, explica Hilton Escobar.
La agrupación se maneja con visión de empresa. De
ella se desprende una orquesta llamada Fusión, que es la
que los sostiene. Se presenta en matrimonios y eventos sociales.
Ya han ganado 4 congos de oro en el Carnaval de Barranquilla.
“Aquí no pagamos ni un solo centavo y puedo hacer lo
que más me gusta que es la música”, señala
Franklin Avendaño, uno de los percusionistas. A su lado está
Jorge González, clarinetista. Él afirma que lo mejor
de estar en la banda es que “aprendemos y nos apartan de las
cosas malas que hay. De aquí queremos salir para ser músicos
profesionales”.
Hilton tiene un hijo que interpreta el saxofón, y otros 600
niños que conforman la escuela de Música de ese Municipio.
Es el padre de todos, los mismos que cada vez que salen a tocar
paralizan con sus bailes y sones las ardientes calles de Baranoa.
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