 |
Donaldo Zuluaga |
Fe y Alegría trabaja para el fortalecimiento de sus aulas
informáticas y tecnológicas. A los alumnos de
la Institución en el Popular Uno les avivó el
entusiasmo por el estudio. |
Movimiento Fe y Alegría,
Apuesta para un futuro
Lleva 33 años de presencia
educativa y formativa en los sectores más marginales del
país.
Isolda María
Vélez H.
Medellín
Es en los rostros curiosos de esos niños que corretean sin
parar por todos los lugares, que ofrecen sonrisas como regalos de
vida, donde se encuentra la razón de ser y la historia del
movimiento Fe y Alegría, que con su trabajo comprometido
y solidario ha sembrado futuro en Colombia desde su llegada hace
33 años.
El proyecto educativo se sustentó en un acto generoso de
un hombre pobre que sin tener un techo para abrigar a sus hijos
cedió el terreno que adquirió con esfuerzo para que
el padre jesuita José María Vélaz llevara educación
a un sector marginal en Venezuela.
Con 75 niños, el padre Vélaz creó el movimiento
en 1955, que hoy hace presencia en 14 países de América
Latina y que en Colombia beneficia a 205.651 personas, en las modalidades
de educación escolarizada, educación alternativa y
no formal y servicios asistenciales-formativos y de desarrollo comunitario.
Hombres nuevos
La filosofía de Fe y Alegría busca crear hombres y
mujeres nuevos para una sociedad nueva. Y sí que lo hacen.
Por lo menos es la percepción que tiene la hermana María
Eugenia Echavarría, rectora de la Institución Educativa
Fe y Alegría en el barrio Popular Uno, desde hace ocho años.
“Estamos cumpliendo el sueño del fundador de brindar
una educación con calidad y ver que los muchachos del sector,
en medio de sus dificultades económicas, tienen la misma
posibilidad que otros jóvenes con más recursos en
otros barrios. Ellos aquí tienen la ilusión de salir
adelante y eso los mueve a ser mejores porque con nuestro proyecto
educativo se sienten valorados como personas”.
El movimiento hace presencia en los sectores más marginados
de las comunidades. “Compartir la suerte de los pobres, el
ambiente de violencia, las carencias de los barrios, los dramas
cotidianos de las familias es difícil. Pero tiene la satisfacción
de aprender de sus valores y de poder aportar algo a la solución
de sus problemas”, asegura el padre Manuel Uribe, director
nacional.
Más allá de lo formal
Los alumnos de Fe y Alegría egresan de las instituciones
con capacidades técnicas en distintas áreas.
Hoy el esfuerzo está encaminado a fortalecer los programas
tecnológicos e informáticos. “En los últimos
20 años orientamos varios de los programas a la educación
no formal y alternativa para brindar otro tipo de herramientas a
la comunidad porque no somos un movimiento de carácter asistencialista”,
señala Fanny Pedreros, de la oficina de Planificación
de la Dirección Nacional.
El otro asunto fundamental en el proceso de construcción
de una sociedad nueva va de la mano con el apoyo a los distintos
programas de nutrición, que hoy están incorporados
en las agendas gubernamentales.
De los 2.365 alumnos que tiene la institución del Popular
Uno, 1.000 reciben almuerzo. “Cada uno paga 200 pesos diarios,
pero como algunos no los tienen los becamos con aportes de personas
que financian el programa con becas mensuales por alumno de 4.000
pesos”, dice la hermana María Eugenia.
En total, el 20 por ciento de la población estudiantil de
Fe y Alegría está vinculada a los programas de nutrición.
“Los recursos nunca serán suficientes para atender
la demanda de las necesidades que hay en el país. Pero seguimos
trabajando con el concurso y apoyo de muchas organizaciones, especialmente
a través de programas de cofinanciación internacional,
que nos permitan fortalecer esta apuesta de futuro y educación
con calidad en la que estamos comprometidos”, dice Fanny Pedreros.
“El secreto de la eficacia de lo grande es que si sirve a
muchos, se le irán agregando los que son ayudados y los que
ven que se ayuda a muchos”, decía el padre Vélaz
convencido de la obra solidaria que tenía entre sus manos.
|