Una de cal y otras de arena
Juliana Correa
H.
Medellín
Cuando en 1993 se decidió liquidar la empresa Colcarburos,
la suerte de 160 familias de La Sierra, en Puerto Nare, parecía
incierta. El hambre y el desempleo estaban en el panorama.
La plantas de producción quedaron obsoletas luego de que el
carburo de calcio, que por años fue la materia prima para la
fabricación de los tubos de PVC, fuera reemplazado por otros
materiales tecnológicos.
Ante esta perspectiva, los trabajadores decidieron revivir la empresa
que parecía agonizar.
Con la ayuda del Instituto de Fomento Industrial (IFI), contrataron
un estudio de factibilidad que determinó que la planta de Puerto
Nare aún era viable.
Fue así como en 1994 los trabajadores resolvieron poner todo
su conocimiento y experiencia al servicio de una nueva empresa, sólo
que esta vez, se trataba de su propia compañía. Nació
entonces Cales y Derivados de La Sierra S.A. (Caldesa). Sus accionistas
son los trabajadores, quienes convirtieron sus acreencias laborales
en capital social.
Rodrigo Echeverri, gerente de Caldesa, recuerda ese proceso. “Había
tantas dificultades que cualquier solución pareció válida”.
Después muchos avatares, en septiembre de 1997 se comenzó
a trabajar, el IFI dio un capital de 400 millones de pesos y entró
como socio.
Reinvención del negocio
El carburo de calcio quedó en el pasado. La empresa se dedicó
entonces a producir cal, un producto que en el ámbito económico
se denomina commodity. Significa que tiene usos en muchos ramos de
la industria.
La cal es empleada en la fabricación de elementos como el acido
cítrico, papel y asfalto; en la potabilización del agua;
en las industrias siderúrgica, del cuero y pinturas; los sistemas
de perforación y la elaboración del azúcar.
Para esta incipiente empresa se abría un mundo de posibilidades
de salvación y crecimiento, y al mismo tiempo aparecían
dificultades que tenía que sortear si quería sobrevivir.
“Lo más complicado fue la gobernabilidad, señala
Echeverri. “Sabíamos hacer las cosas, pero el proceso
participativo es difícil. La formación empresarial fue
clave para nosotros”.
En ocho años Caldesa dejó atrás el fantasma polvoriento
de la derrota y la quiebra, y se ha convertido en una empresa rentable,
modelo de economía solidaria. Cuando comenzó tenía
26 empleados, hoy genera 120 empleos directos y entre sus clientes
se cuentan empresas como el Acueducto de Bogotá, Empresas Públicas
de Medellín, Cerromatoso y el Ingenio Providencia. Caldesa
también pone su sello en las exportaciones a Ecuador y Venezuela.
Hoy, miran el futuro con esperanza, un futuro que se construye con
cal y arena... Sueñan seguir creciendo.
Recobraron la confianza
Caldesa ha logrado generar un enorme sentido de pertenencia entre
sus empleados, que son al mismo tiempo, sus dueños. Ellos tienen
el 84,7 por ciento del paquete accionario de la empresa, y el restante
15,3 por ciento, le corresponde al Estado.
“Esta vinculación surge de lo que vivimos con la desaparición
de Colcarburos, donde pasamos de tener estabilidad laboral a depender
de otros. Nos tocó crear y defender nuestra propia empresa”,
dice Hernando Andrade, miembro de la junta directiva.
Este sentido de pertenencia es, según Echeverri, lo que le
da valor agregado al producto. Para Caldesa, las principales utilidades
no se miden en millones de pesos; son de carácter social, como
poder brindar empleo a 160 personas, formar 23 técnicos en
electromecánica, dar asistencia escolar a los hijos de sus
empleados, otorgar préstamos para el mejoramiento de vivienda
o compra de electrodomésticos y brindar facilidades para que
22 de sus trabajadores validen el bachillerato.
“Nadie daba nada por nosotros, por ser empresa de trabajadores
y por estar ubicados en una zona de conflicto como el Magdalena Medio”,
manifiesta Rodrigo Echeverri. Él cuenta que gracias a Caldesa
la paz llegó a La Sierra. “Hay empleo y más ingresos.
Se quitó el hambre y, lo más importante, se fue ganando
en confianza”.
En el año 2002 recibieron la certificación ISO 9000
del Icontec. “Una demostración de que somos capaces”,
afirma Echeverri. Ahora Caldesa, en asocio con el Instituto Pensar
de la Universidad Javeriana, pone el valor de su experiencia al servicio
de empresas que pasan por situaciones similares a la de Colcarburos.
Los empleados no se dejaron vencer cuando todo parecía perdido.
Se asociaron pensando en un futuro mejor para todos. Ahora son el
ejemplo de que en las crisis las oportunidades pueden surgir de la
cal. |
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