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Un hombre con historia natural
Carmen Elena
Villa Betancourt
Medellín
Cristian Samper tenía siete años de edad cuando entró
por primera vez al Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian
de Washington. El pequeño quedó fascinado al ver el
enorme elefante que estaba localizado en la entrada del edificio.
Desde aquel momento comenzó a inquietarlo el tema de la biología
y la historia natural, la misma que lo llevó, 30 años
más tarde, a ser el director de ese museo que tanto lo impactó
en su infancia. Este hombre nació en Costa Rica, y es colombiano
por adopción. Cuando tenía un año se fue a
vivir a Bogotá, ciudad de su padre. Desde muy joven comenzó
a analizar qué carrera iba a estudiar y lo único que
tenía seguro era que su camino lo llevaba a las Ciencias
Naturales.
Como amaba tanto los animales pensó en ser veterinario, pero
antes de terminar su bachillerato desistió de la idea. Decidió
entonces ingresar a la Facultad de Biología de la Universidad
de los Andes, luego hizo su maestría y su doctorado en la
universidad de Harvard en Estados Unidos y regresó a Colombia
en 1992 para desempeñarse como director de la división
ambiental de la Fundación para la educación superior
en Colombia, con sede en Cali, donde también se desempeñó
como docente en la Universidad del Valle.
Su colaboración fue esencial para la creación de más
de 200 reservas biológicas en todo el país.
Igualmente, fue uno de los gestores del programa de Educación
Ambiental que hace diez años funciona en la mayoría
de colegios y escuelas de Colombia. “Volví a mi país
en una época muy emocionante porque se acababa de aprobar
la cumbre de la tierra en Río de Janeiro, había una
gran conciencia por el tema ecológico y en Colombia estaba
todo el debate por crear el Sistema Nacional Ambiental y el ministerio
del Medio Ambiente”, recuerda Cristian desde Washington.
Fue uno de los fundadores del Instituto de Investigación
de Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt, creado mediante
la Ley 99 de 1993 con el fin de promover, coordinar y realizar investigaciones
que contribuyan a la conservación y uso sostenible de la
diversidad biológica de Colombia.
En 2001 se cerró una etapa de diez años de trabajo
en Colombia. Pasó a ser parte del Instituto Smithsonian con
sede en Panamá. Se trata de un complejo de museos de historia
natural que reúne cerca de 142 millones de artefactos. Es
uno de los centros de investigaciones científicas, básicas
y especializadas, del arte y las humanidades de mayor renombre en
el mundo.
Ese mismo año el presidente Andrés Pastrana le entregó
la distinción ambiental en la categoría Vida y Obra.
Esto además de los títulos honorarios que ha obtenido
en universidades alemanas y otros reconocimientos científicos.
Dos años más tarde fue nombrado director del Museo
Nacional de Historia Natural Smithsonian de Washington, el más
grande en este género en el mundo.
Desde el año 2000 un comité de científicos
había comenzado una labor de búsqueda de alguien que
pudiera asumir las riendas de este instituto, luego de un relevo
generacional en el que se optó por conseguir gente joven,
llena de creatividad y buenas ideas, que le diera un aire diferente
al Museo. Y Cristian, a sus 37 años fue el elegido.
“Yo fui el primer sorprendido, jamás me imaginé
acabar acá. Esto es para mí un gran honor y una responsabilidad”,
comenta quien ahora resulta ser el director más joven y el
único extranjero que ha tenido el Museo en toda su historia.
Muy sorprendidos se quedaron también algunos empleados veteranos,
quienes laboran en el Museo desde antes de que Cristian naciera.
El Smithsonian recibe seis millones de visitantes al año
y tiene una gran tradición. Está situado en el corazón
de Washington, cerca de las principales galerías de la ciudad.
Es uno de los símbolos de Estados Unidos. Su imponente edificio
tiene 30 salas abiertas al público. Se encuentran allí
las principales joyas de Estados Unidos, incluyendo el diamante
Hope.
A finales del año pasado se inauguró la galería
sobre mamíferos, también tiene la zona de dinosaurios
y otros especímenes muy especiales. “Cada sala tiene
un secreto”, asegura. Hoy vive feliz junto con su esposa.
Viaja a Colombia dos o tres veces al año. “Uno tiene
qué acordarse de dónde es”, asegura este hombre
de carácter sencillo y muy cordial, quien se muestra optimista
por los avances que ha tenido el país en materia de medio
ambiente con las nuevas carreras que han surgido como Economía
e ingeniería ambiental.
“Nuestro país puede lograr lo que se proponga y me
duele que aquí afuera mucha gente no entienda ni conozca
todo lo bueno que tiene Colombia”, advierte Cristian quien
se ha convertido en un defensor de la naturaleza dentro y fuera
de Colombia.
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